Este latido de luz
me trae la tarde,
para caminarte
asperjada de flores dormidas
en un sueño de castaños.
Inmenso patio perfumado,
de barrio recién bañado
en el verano,
de vermut en dialectos
a puerta abierta.
Te ocupaban de sillas
tranquilizando los calores
sin ventanas, te barrían
las penas oscuras,
el áureo marchito de las
hojas.
Te visitaban mascaritas
infantiles,
canturreos de carnavales
infinitos,
rayuelas y rondas,
el campeón de tenenti.
Apresurados pasos de los
amantes
se envolvían en tu noche,
cansancios arrastrados
que amanecían al trabajo,
corridas desaparecían
de los que nada callaban.
Regada de lágrima
de la madre sin hijo,
y el porrazo que me di en
bicicleta.
Ahora, más enjuta en la
distancia
das testimonio de los que te
vivieron.
Sos mí vereda, pero
también de ellos…
Brillante y pálida
con el color del tiempo.