domingo, 6 de octubre de 2019

Oda a la siesta.



De todas las féminas
la más deseada.
Inventora,
de países maravillosos
para todas las Alicias;
Progenitora,
de ideas grávidas
en una sencilla manzana.
Vos orgullosa
colmada de prosapia.
Llegaste cautelosa,
dibujando la primera sombra.
Inmensa.
Espléndida siesta.
Tu fuente se vuelca
en las lágrimas de los críos
y ahora hombres,
se conceden al deseo de tus labios,
de besos siesteros,
del amor de la tarde.
Y caminás los párpados
entre la cal y la arena
del albañil que trabaja
en el deseo de otro
¿y su propio deseo?
es caer en tus brazos.
Sos tan irrespetuosa,
si te veo jugar
con esa mujer que no sabe
que a vos se entrega,
y bailás en su cabeza
al compás del tránsito del colectivo
donde mitigás el cansancio
de todas sus madrugadas.
Nada más exquisito
Que consagrarse a la siesta.
Vos,
Con tu vestido de parra
y margaritas frescas
Me visitás…
Tu perfume de chicharras
que te nombran de siesta,
rescata al campesino
del jornal que lo dejó molido;
y viajás
hasta el décimo piso
donde duerme la gata.
Siesta querida,
vos te zambullís en sillones,
camas, poltronas y esquinas
donde te sueñan los ojos
de los que más sienten frío.
Y otros que te niegan
el placer de ocuparlos
se hacen los distraídos
en un brunch tardío.
Pero, vos acechás
y yo te pido,
que me dejes nadarte en todas tus costas
que me arrebates el desaliento
que me salves, tremenda siesta
que vuelvas a mí
y dejes que te cante.

jueves, 26 de septiembre de 2019

Figura.




Reía el vino de la noche,
ligero
como el oleaje de la cortina de verano.
Bailaba los dedos de guirnaldas,
acariciaba
los quesos y las uvas.
Brillaba entre la luna y mi casa
a veces,
como lágrimas del viento.
Hablaba de caminos y de arena
dulcemente,
dentellaba la presa entre las redes del recuerdo.
Rompía el azul del silencio,
arrasando
la mirada descuidada de la copa.
Dormía los daños en la boca
y reía.

miércoles, 25 de septiembre de 2019

La copa.


El gato está lleno de techos,
los amantes están vacíos de camas,
los manjares están llenos de heladeras,
el remanso está vacío de miradas,
la arena está vacía de viento,
los vapores están llenos de copas,
las firmas están vacías de acuerdos,
y vos estás lleno de mí.

lunes, 23 de septiembre de 2019

Distancia.



Estrujaste la frente de gaviotas
estrellando en la vereda, los regresos;
destilando la saliva de palabras,
ahogándote en los pétalos muertos.
Abriste la fractura de mi pecho
como aplastando un piano entre las manos,
negaste la manzana negra que crecía,
mirándote en un espejo viejo.
Vaciaste los jarrones de la mesa,
embriagada tu mirada de distancia,
amputaste las manos ofrecidas,
durmiéndote en la memoria deshojada.

domingo, 15 de septiembre de 2019

Vuelta.

Vuelvo a nacer de las ventanas de los vientos,
creo  estar dormida en el sueño que quiero,
donde el espacio es de azúcar acre,
donde es blando el lugar que invado.
Vuelvo a creer en desdibujar el camino,
creo en desatar los cordones del tiempo,
donde los cantares de la muerte son cocodrilos,
donde la mano marchita hace nuevas olas.

martes, 27 de agosto de 2019

Vos.


Solo vos,
a la intemperie conocías los vientos de mi cuerpo.
Solo vos,
en la distancia caminabas mis curvas adormecidas.
Solo vos,
en la extrañeza cerrabas mis ojos antiguos.
Solo vos,
en la templanza irrumpías mis sentires de almendros,
en la tormenta arengabas mis caricias de niña,
en la orilla alunizabas en mi boca.

viernes, 23 de agosto de 2019

Pequeña muerte.


Su boca de pájaros derretidos,
su boca de sed jadeante de promesas,
su boca, buceaba las costas y acantilados,
su boca de licores fríos en la lengua,
encallaba.
Sus manos fuertes de manzano
como lavandas en el frío.
sus manos maceraban los olores
sus manos, nubes de azúcar
en mi pecho.
Relámpagos de palomas irrumpen
en su vertiginoso aliento de fogata,
con cada movimiento de olas que abanican
mis caderas de caminos inquietos.
Sus piernas trepadoras de glicinas y cintura,
sus piernas de cantos rodados,
sus piernas, anidan en las mías,
me sostienen.
Su cuerpo de pentagrama en la hondura,
su cuerpo libando la colmena,
su cuerpo de tango y humedales,
muere en mí.

jueves, 22 de agosto de 2019

Momentos del agua.


Es un día descansado adormecido en el agua,
agua de acequia fresca lava mis cienes.
La realidad me transita los ojos
la edad que las manos ni las lámparas detienen,
mis monstruos crecen de lo conocido,
de un penoso sepulcro que las algas marchitan.
Un interminable compás desafinado
de parloteos desvencijados como recuerdos del mar,
poseyendo la duración del instante, de huellas borrosas
que no mordisquean las olas.

Compartido.


Casualmente, ibas con tu derecha
al bolsillo oculto
de tu bolso inquieto.
Sacabas la cajita oscura,
cigarrillos mentolados de diez.
En tu casa, estaba prohibido fumar.
Morosa, tu blanda mano
llevaba el vicio a tus labios,
prendías el fuego.
Suspendida,
en la conversación con los otros,
tu boca hacía arder un silencio.
Encontrabas mi mirada,
a la vista de los otros
hacías la entrega
de tu obsceno cigarrillo.
Mis labios recibían la ofrenda,
cómplices, transgresores,
de un secreto.

viernes, 5 de julio de 2019

Fotos viejas.


La taza se enfriaba,
se había quedado vacía
de licores que rezaban
por palabras descuidadas,
que nos fueron abandonando
en un silencio húmedo
de la noche entristecida.

Los relojes de la casa,
pesaban con los segundos
de los tiempos antiguos,
horas que no tenían destino.

Se enfriaba el invierno,
en cada habitación que respiramos.
No quedaba aliento tierno
para recuperar lo sentido.

Las fotos se volvían sepia
las sonrisas perdieron la memoria,
la nostalgia amargaba la tinta
de lo escrito y vuelto olvido.

viernes, 28 de junio de 2019

Dolerte.


Cuando llegué a casa
estabas recostado,
sobre nuestra cama,
hundido entre los pliegues de la almohada
en un profundo silencio líquido
que, asomaba en tus ojos pardos.
Sin preludio, me pediste con palabras rajadas,
desnudo casi limpio de vos,
- que me quede…
Nunca antes había saboreado tus lágrimas,
gotas pequeñas de la fuente donde
jamás habitaron peces de colores.
Perdón,
nunca quise dolerte.

La otra memoria.



Hay senderos con húmedos perfumes,
verdes perfumes de cordillera fría,
de extranjeros pasos y lenguas,
ojos bien abiertos,
de lagos turquesa vestidos por el volcán.
Hay silencio en el bosque muerto,
en la altura de la rama seca al cielo,
hay todo una vida en el liquen que acaricia el radal.
Pero no es eso, también hay, laberintos sin ovillos,
aroma de ñachi compartido.
Hay voces naufragadas,
encarnados lagos de otro pueblo
dueño de los vientos y las bandurrias
que reclaman la tierra de sus nidos.

domingo, 23 de junio de 2019

Abrazo



Me gusta que te recuestes a mi lado
justo antes de servir la cena
esperando juntos, el murmullo de la cacerola.
Me gusta tu intento de ovillito,
tu inmensidad,
buscando el calor de mi derecha.
El hueco de mi hombro
es almohada de tu nuca,
y pienso-¿quién pondrá la mesa?-.
Entonces, me sorprende la sensación
de tu nariz fría, que encuentra el lugar perfecto
justo debajo del lóbulo de mi oreja.
Me da cosquillas, y nos reímos juntos,
ninguno de los dos prendió el fuego de la cocina.
Y nos seguimos riendo.

miércoles, 19 de junio de 2019

Sopa de nona.


La sopa nos esperaba a todos,
servida en la porcelana
en el medio del mesón.
Tenía el aroma de la verdura
entre sus manos de trabajo.
Humeaba en mi idioma.
Me inundaba la boca con su mar.
El ámbar se quebraba,
con los remolinos de queso,
caprichosos de la noche fría.

Componía cansonetas
para  alimentar mi substancia,
liberando mi suspiro de albahaca.
                        Con la próxima cucharada,
                        nada volvía a ser.


martes, 18 de junio de 2019

Placeres.


Llegaste cansado,
te pesaba el bolso con la carga del día.
Me regalaste,
casi contento, dos higos.
Los acomodaste en el cuenco,
con apurado cuidado,
ya casi estaban oscuros,
manchados, violáceos.
Apenas descubrí
la ternura de la carne,
hundiendo mi índice,
sentencié el postre para la cena.
Tantas recetas podría
haber hecho Lala-  pensé.
Yo solo quería
morder el dulzor morado
y sentir el crujir de las semillitas
…eso me encanta
y vos lo sabés.
No sé agradecer
los pequeños placeres que me das,
a veces , solo callo.



El patio.


El patio de tres dibujos,
que suma tres casas de distintos tiempos;
vestido de selva
refugia a toda una prole de bichos bolita.
Carceleros canteros,
de los verdes bajos
y flores chiquitas.
Me acuesto en su siesta sombra
de la parra extranjera,
me vuelvo sarmiento
en el canto desmayado de la chicharra.
Macero el sonido de las palabras
que huyen de la Olivetti de papá
y van a hacer ronda
al balde que enfría la uva.
Y van y vienen los pasos
de colgar sábanas,
de poner las mesas en hilera,
de cortar el pan.
Todos los ojos dan al patio,
cuando llegan las manzanas horneadas
llenas de domingos.
Y van los pasos,
van los míos,
siguiendo a los otros,
dejando atrás el patio de mosaicos rotos.