sábado, 14 de noviembre de 2020

Lala.

 

Entran frescas tus manos,

de Irlanda redonda,

en la masa inquieta

para envolver el sabor

melancólico, del pan.

Así, esperábamos el mediodía.

 

Tus ojos de agua,

descansan sobre el mantel,

el movimiento azul

de la distancia.

 

Tu cuerpo de rapsodia,

se mueve en la blandura de la tarde,

sobre el tango que sentencia:

…él ya no va a volver…

 

Se te trepaba la noche,

por el pecho,

un dolor obscuro insolente.

Y las luces cantoras de los bichos

hacen descansar sus nanas,

en tu almohada, ahora quieta.

lunes, 26 de octubre de 2020

Hermano.

¡Cuidate hermano!

¡Cuidate de la palabra quebrada en tus oídos

cuidate que no te quiebre la palabra!

¡Cuidate de los pasos que tienen tu huella

y de las huellas que dejaron tus pasos!

¡ Cuidate del hermano sin sangre

ese, hace sangrar todas las hermandades!

¡ Cuidate de este viento del monte,

que se lleva tus sueños de atardecer,

que naufraga tu tinta!

¡ Cuidate hermano de tu cuerpo cansado,

del cansancio del latido!

¡ Cuidate del que le diste de comer

ahora come tus entrañas,

y se regocija sobre tu mármol!

¡ Cuidate hermano ,en tu vuelo,

el cielo es todo tuyo!



sábado, 12 de septiembre de 2020

Margen

 


   En la orilla, en el borde, 

entre la temperatura del líquido

y la punzante piedra.

Entre la luz nacida, cansada

que grita

y la verde niebla de la sombra,

no logro atravesar la distancia,

como un camino marchito,

algo que se dejó en la mesa

y se durmió.

   Una rama seca se lamenta,

un mármol quebrado,

como el florero vacío pestilente 

y el cenicero atiborrado de lágrimas.

   No atraviesa el cuerpo,

el tiempo se muere en el aire,

la voz no hace eco en la pared,

como esperar domesticar un curvo.

Saltan los dados desnudos de suerte,

se visten de olvido las macetas rotas

cuando las bocas desaparecen del universo,

y los platos servidos se enfrían

cuando hay olor a brasas gastadas.

Pero, a veces corro la niebla.

   Ciega la luna

nadie vela los besos,

como el timbre que nadie atiende

pero, todavía llegan cartas.



   

lunes, 27 de julio de 2020

Latido de tarde.




Este latido de luz
me trae la tarde,
para caminarte
asperjada de flores dormidas
en un sueño de castaños.
Inmenso patio perfumado,
de barrio recién bañado
en el verano,
de vermut en dialectos
a puerta abierta.
Te ocupaban de sillas
tranquilizando los calores
sin ventanas, te barrían
las penas oscuras,
el áureo marchito de las hojas.
Te visitaban mascaritas infantiles,
canturreos de carnavales infinitos,
rayuelas y rondas,
el campeón de tenenti.
Apresurados pasos de los amantes
se envolvían en tu noche,
cansancios arrastrados
que amanecían al trabajo,
corridas desaparecían
de los que nada callaban.
Regada de lágrima
de la madre sin hijo,
y el porrazo que me di en bicicleta.
Ahora, más enjuta en la distancia
das testimonio de los que te vivieron.
Sos mí vereda, pero
también de ellos…
Brillante y pálida
con el color del tiempo.


domingo, 26 de julio de 2020

Quebranto



Me quiebra la mañana,
el pecho, pesado,
donde viven las piedras
que no acarició el agua.
Aprieta la ausencia
el nervio de mi hombro
que no carga recuerdos.
Camina serpenteante
mi abdomen sobre el tuyo
desmontando nocturnos,
cristales rotos de mi cielo.
El pecho, amplio,
donde viven las ranas
que no callan su canto,
dibujan palabras, lápices sonoros
que acompañan el coro de batracios,
hunden mi pecho en un charco,
donde todos las manos se enjuagan,
traga un universo de espejos.
Dibujo palabras mínimas,
bichos bolitas amenazados,
que no saben volar. 








martes, 10 de marzo de 2020

El viaje.


Viajo con los minutos
cargados de memoria,
del río que dibuja venas
en la piedra.
No llamo al recuerdo
porque nada olvido,
lo mal que jugamos
las fichas perdidas,
no olvidos pagar.
Pago con ausencias
de mi padre muerto.
del amigo que no despedí,
del útero duro,
del amante asfixiado.
Viajo con la sangre
herida de memoria
de la nicotina
que quema la boca.
Me muevo con el silbido
de la lavanda,
porque soy mujer que no recuerda
morder la tierra fría.

Cóndor de Potrerillos.


Interrumpía el intenso cielo
capturaba el tiempo entre sus alas abiertas
el viento lo sostenía rapaz
y bailaba caracoles suspendidos.
Inmensamente pequeño en esta montaña
desenterraba la muerte con su vuelo.
Acá, las margaritas recién regadas
miran al cielo
siento que,
minúsculas,
como yo,
nos arrancaríamos a volar.

Parches.



Me cuesta enhebrar la aguja
todos los tiempos pasaron por mis ojos
y el frío endureció mis manos.
Todos los días
debo cocer mi cuerpo
con hilos transparentes,
con hilos de colores.
A veces, me pide que lo borde
y yo no lo sé hacer.
Lo emparcho con liencillo,
con seda, terciopelo,
con retazos gastados.
En ocasiones rasgo y quito algo
para poner lo nuevo.
A veces, mi cuerpo me pide cosas que,
no entiendo.


Peregrina

Cuando hay luna
me enjuago los pies
con la sombra
para pisar el rocío.
Cuando no hay luna
recorro la tristeza de la lágrima
que nace sabiendo de su próxima muerte.

Cuando hay luna
sirvo veinte copas con el mejor vino
en la mesa sin mantel
y todas las ranas saltan a mi alrededor
enseñándome a reir tu nombre.
Cuando no hay luna
los árboles de luto muerden,
arañan, las ventanillas de mi viaje
porque no todos mis caminos van a Roma.

Cuando hay luna
me peinan miles de caracoles juguetones,
el espejo me desviste la vergüenza 
y mi cuerpo canta
entre sus manos olorosas a jabón.
Cuando no hay luna
hago que cocino,
anudo pañuelos,
cierro los cajones para que no escapen,
diabólicos pensamientos
que hacen feroces carnavales en mi pecho
y duermen la chicha acá, en mi nuca.

Cuando hay luna 
soy peregrina de la locura,
la mujer que se enreda en tu sábana,
soy la madre que canta nanas,
soy pasajera en colectivos de otros mundos,
soy la mujer con las solapas abiertas
a todos los besos.