Solo vos,
a la intemperie conocías los
vientos de mi cuerpo.
Solo vos,
en la distancia caminabas mis
curvas adormecidas.
Solo vos,
en la extrañeza cerrabas mis ojos antiguos.
Solo vos,
en la templanza irrumpías mis
sentires de almendros,
en la tormenta arengabas mis caricias de niña,
en la orilla alunizabas en mi
boca.