sábado, 12 de septiembre de 2020

Margen

 


   En la orilla, en el borde, 

entre la temperatura del líquido

y la punzante piedra.

Entre la luz nacida, cansada

que grita

y la verde niebla de la sombra,

no logro atravesar la distancia,

como un camino marchito,

algo que se dejó en la mesa

y se durmió.

   Una rama seca se lamenta,

un mármol quebrado,

como el florero vacío pestilente 

y el cenicero atiborrado de lágrimas.

   No atraviesa el cuerpo,

el tiempo se muere en el aire,

la voz no hace eco en la pared,

como esperar domesticar un curvo.

Saltan los dados desnudos de suerte,

se visten de olvido las macetas rotas

cuando las bocas desaparecen del universo,

y los platos servidos se enfrían

cuando hay olor a brasas gastadas.

Pero, a veces corro la niebla.

   Ciega la luna

nadie vela los besos,

como el timbre que nadie atiende

pero, todavía llegan cartas.



   

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