La taza se enfriaba,
se había quedado vacía
de licores que rezaban
por palabras descuidadas,
que nos fueron abandonando
en un silencio húmedo
de la noche entristecida.
Los relojes de la casa,
pesaban con los segundos
de los tiempos antiguos,
horas que no tenían destino.
Se enfriaba el invierno,
en cada habitación que
respiramos.
No quedaba aliento tierno
para recuperar lo sentido.
Las fotos se volvían sepia
las sonrisas perdieron la
memoria,
la nostalgia amargaba la tinta
de lo escrito y vuelto olvido.
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