viernes, 28 de junio de 2019

Dolerte.


Cuando llegué a casa
estabas recostado,
sobre nuestra cama,
hundido entre los pliegues de la almohada
en un profundo silencio líquido
que, asomaba en tus ojos pardos.
Sin preludio, me pediste con palabras rajadas,
desnudo casi limpio de vos,
- que me quede…
Nunca antes había saboreado tus lágrimas,
gotas pequeñas de la fuente donde
jamás habitaron peces de colores.
Perdón,
nunca quise dolerte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario