jueves, 22 de agosto de 2019

Compartido.


Casualmente, ibas con tu derecha
al bolsillo oculto
de tu bolso inquieto.
Sacabas la cajita oscura,
cigarrillos mentolados de diez.
En tu casa, estaba prohibido fumar.
Morosa, tu blanda mano
llevaba el vicio a tus labios,
prendías el fuego.
Suspendida,
en la conversación con los otros,
tu boca hacía arder un silencio.
Encontrabas mi mirada,
a la vista de los otros
hacías la entrega
de tu obsceno cigarrillo.
Mis labios recibían la ofrenda,
cómplices, transgresores,
de un secreto.

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