Su boca de pájaros
derretidos,
su boca de sed jadeante de
promesas,
su boca, buceaba las costas y
acantilados,
su boca de licores fríos en
la lengua,
encallaba.
Sus manos fuertes de manzano
como lavandas en el frío.
sus manos maceraban los
olores
sus manos, nubes de azúcar
en mi pecho.
Relámpagos de palomas
irrumpen
en su vertiginoso aliento de fogata,
con cada movimiento de olas
que abanican
mis caderas de caminos
inquietos.
Sus piernas trepadoras de
glicinas y cintura,
sus piernas de cantos rodados,
sus piernas, anidan en las
mías,
me sostienen.
Su cuerpo de pentagrama en la
hondura,
su cuerpo libando la colmena,
su cuerpo de tango y humedales,
muere en mí.
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