viernes, 23 de agosto de 2019

Pequeña muerte.


Su boca de pájaros derretidos,
su boca de sed jadeante de promesas,
su boca, buceaba las costas y acantilados,
su boca de licores fríos en la lengua,
encallaba.
Sus manos fuertes de manzano
como lavandas en el frío.
sus manos maceraban los olores
sus manos, nubes de azúcar
en mi pecho.
Relámpagos de palomas irrumpen
en su vertiginoso aliento de fogata,
con cada movimiento de olas que abanican
mis caderas de caminos inquietos.
Sus piernas trepadoras de glicinas y cintura,
sus piernas de cantos rodados,
sus piernas, anidan en las mías,
me sostienen.
Su cuerpo de pentagrama en la hondura,
su cuerpo libando la colmena,
su cuerpo de tango y humedales,
muere en mí.

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