Reía el vino de la noche,
ligero
como el oleaje de la cortina
de verano.
Bailaba los dedos de
guirnaldas,
acariciaba
los quesos y las uvas.
Brillaba entre la luna y mi
casa
a veces,
como lágrimas del viento.
Hablaba de caminos y de arena
dulcemente,
dentellaba la presa entre las
redes del recuerdo.
Rompía el azul del silencio,
arrasando
la mirada descuidada de la
copa.
Dormía los daños en la boca
y reía.
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