Cuando hay luna
me enjuago los pies
con la sombra
para pisar el rocío.
Cuando no hay luna
recorro la tristeza de la
lágrima
que nace sabiendo de su próxima
muerte.
Cuando hay luna
sirvo veinte copas con el mejor vino
en la mesa sin mantel
y todas las ranas saltan a mi
alrededor
enseñándome a reir tu nombre.
Cuando no hay luna
los árboles de luto muerden,
arañan, las ventanillas de mi
viaje
porque no todos mis caminos van
a Roma.
Cuando hay luna
me peinan miles de caracoles
juguetones,
el espejo me desviste la
vergüenza
y mi cuerpo canta
entre sus manos olorosas a
jabón.
Cuando no hay luna
hago que cocino,
anudo pañuelos,
cierro los cajones para que no
escapen,
diabólicos pensamientos
que hacen feroces carnavales en
mi pecho
y duermen la chicha acá, en mi
nuca.
Cuando hay luna
soy peregrina de la locura,
la mujer que se enreda en tu
sábana,
soy la madre que canta nanas,
soy pasajera en colectivos de
otros mundos,
soy la mujer con las solapas
abiertas
a todos los besos.
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