El patio de tres dibujos,
que suma tres casas de distintos tiempos;
vestido de selva
refugia a toda una prole de bichos bolita.
Carceleros canteros,
de los verdes bajos
y flores chiquitas.
Me acuesto en su siesta sombra
de la parra extranjera,
me vuelvo sarmiento
en el canto desmayado de la chicharra.
Macero el sonido de las palabras
que huyen de la Olivetti de papá
y van a hacer ronda
al balde que enfría la uva.
Y van y vienen los pasos
de colgar sábanas,
de poner las mesas en hilera,
de cortar el pan.
Todos los ojos dan al patio,
cuando llegan las manzanas horneadas
llenas de domingos.
Y van los pasos,
van los míos,
siguiendo a los otros,
dejando atrás el patio de mosaicos rotos.
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