martes, 18 de junio de 2019

Placeres.


Llegaste cansado,
te pesaba el bolso con la carga del día.
Me regalaste,
casi contento, dos higos.
Los acomodaste en el cuenco,
con apurado cuidado,
ya casi estaban oscuros,
manchados, violáceos.
Apenas descubrí
la ternura de la carne,
hundiendo mi índice,
sentencié el postre para la cena.
Tantas recetas podría
haber hecho Lala-  pensé.
Yo solo quería
morder el dulzor morado
y sentir el crujir de las semillitas
…eso me encanta
y vos lo sabés.
No sé agradecer
los pequeños placeres que me das,
a veces , solo callo.



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