Hay senderos con húmedos
perfumes,
verdes perfumes de cordillera
fría,
de extranjeros pasos y
lenguas,
ojos bien abiertos,
de lagos turquesa vestidos
por el volcán.
Hay silencio en el bosque
muerto,
en la altura de la rama seca
al cielo,
hay todo una vida en el
liquen que acaricia el radal.
Pero no es eso, también hay,
laberintos sin ovillos,
aroma de ñachi compartido.
Hay voces naufragadas,
encarnados lagos de otro
pueblo
dueño de los vientos y las
bandurrias
que reclaman la tierra de sus
nidos.
¡Qué lindo escribe usted! Saludos.
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